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Desilusión y vacío: realidades en el camino espiritual
por la Ven. Tenzin Chongyi (Dra. Diana Taylor)

“He trabajado muy duro, ¿y para qué?


Esta es una frase con la que yo he estado relacionada. Estas palabras simplemente describen aquello que ya estaba presente en mi mente antes de haber descubierto el Budismo. Desde el momento en el que tomé refugio con
Lama Zopa Rimpoché y posteriormente la ordenación con Su Santidad el Dalai Lama, creí que esta frase comenzaba a desvanecerse en mi mente.

Para muchos de nosotros, la emoción con la que en un principio tomamos la ordenación se ve perdida en la realidad de vida como monje o monja. “Has trabajado muy duro, ¿y todo esto para qué?. Ahora, esta frase me invita a observar de cerca al Budismo, la ordenación y mi propio camino espiritual. ¿Por qué ha regresado este pensamiento a mi mente? Desde luego conozco las respuestas: aferramiento al yo, vacuidad, surgimiento dependiente. Pero debido a que las palabras son solamente teorías, tengo que intentar traer esto a mi realidad. Soy occidental y mi cultura es occidental. Por lo tanto, como parte de mi investigación interior y de mi sentimiento de vacío espiritual, tal vez mis antecedentes en la psicología occidental pueden ayudarme a comprender mis experiencias. Cuando vivía en la comunidad de monjas llamada Chenrezig, con frecuencia las monjas terminaban fatigadas después de largos días de prácticas, estudio y servicio a la comunidad. Si a esta fatiga se de denominaba “Lung”, entonces no había ningún problema. Pero si yo me atrevía a llamarla “depresión”, era como si hiciera un comentario degradante. Mi intención no era querer degradar, sino intentar entender dicho proceso en términos occidentales. Por lo general, el “Lung” y la “depresión” tienen los mismos síntomas. Al principio se puede aliviar saliendo o descansando. Pero en ocasiones esto no es suficiente y la
depresión se convierte en un vacío espiritual.
El vacío espiritual no es un tema fácil a tratar entre la Sangha, ya que puede verse como un fallo en nuestros votos, en nuestros compromisos, hacia nuestros maestros y hacia el Dharma.

Si fuéramos monjes y monjas perfectos, entonces el vacío espiritual no existiría. Sin embargo existe, es parte de mi propia experiencia como monja y creo que es parte de la experiencia de toda la Sangha en cierto punto de viaje espiritual.
Recientemente Kyabye Zopa Rimpoché mencionó este tema cuando hablaba de la devoción al guru:
“Se dice que aunque una persona haya alcanzado el logro de la bodichita, existe la posibilidad de perderlo, así que puede ocurrir lo mismo con el logro de la vacuidad. Cualquier experiencia que se tenga se pierde y no surge otra nueva. Es una situación muy difícil, ya que la mente se atasca, se queda enterrada, como una piedra que ha permanecido en el fondo del océano miles y miles de años, sin que el agua llegue a ella. O como un ardiente desierto, en el que no cae una sola gota de agua, en el que no hay humedad. La mente se vuelve así, nada crece, cualquier pensamiento que surge es negativo y siguen surgiendo ideas negativas con una gran facilidad, abrumando a la mente. Como si la cubrieran con suciedad y excremento, resecándola.

Se vuelve muy difícil tener pensamientos positivos, tales como reflexionar en las cualidades del guru. Aunque el guru sea un ser iluminado, uno no puede verlo ni como un bodisatva. Sólo se percibe como alguien egoísta y se ven sus defectos. Viendo solamente acciones negativas o sufrimientos físicos y mentales”.1

Entonces, ¿por qué teniendo una gran confianza en el Dharma esto sigue pasando? Al leer esto, pensé de inmediato en lo mala persona que habría de ser para tener que experimentar este vacío. Pero luego comencé a pensar que tal vez hay algo más sutil que pudiera estar ocurriendo. Todos, en alguna ocasión, no hemos seguido los consejos que nos dan y hemos dejado que surjan pensamientos negativos. Nuestros hábitos están tan profundamente arraigados, que incluso nos toma mucho tiempo poder poner en práctica logros sencillos. En occidente, fallar es una mala noticia. Con el fallo viene la culpa, y con la culpa la desesperación, las dudas y la baja autoestima, que son algo típico en la mente occidental. Por lo tanto, resulta útil investigar como nuestra cultura occidental influencia nuestra vida como Sangha, y en particular como este vacío espiritual puede convertirse en algo muy doloroso y ser la causa de dejar la ordenación al caer en la desesperación. Cuando nos ordenamos, somos sinceros en nuestra renuncia, pero tal vez no entendemos realmente lo que esto significa. A través de las ideas de Karen Horney
2, podemos comenzar a explorar como nuestro desarrollo psicológico puede causar que perdamos ciertos aspectos importantes de la renuncia.

Nuestro primer brote de entusiasmo acerca del Budismo puede verse como un despertar que de forma natural nos conduce hacia la renuncia, la motivación clave para tomar la ordenación. A partir de ahí, nuestro camino de purificación se establece. Al principio la purificación no conduce a un vacío espiritual,
sino todo lo contrario. Aunque tres meses de retiro de Vajrasattva sean difíciles, somos alimentados por la idea de que poco a poco estamos purificando nuestra mente. Incluso, aunque el conocimiento del resultado final esté incompleto o diluido, aún así seguimos con ánimo y este ánimo nos lleva a las situaciones difíciles. ¿Por qué la desilusión y el vacío nos afectan? La respuesta es debido a que en este punto aún no hemos abandonado el aferramiento a un yo inherente.

Desde luego dejar ir este falso aferramiento al yo es algo central en la filosofía y práctica budista.Conocemos las palabras, pero en realidad no es algo que hayamos experimentado. La percepción yóguica directa es la que libera de la ignorancia innata que se aferra al yo. Es fácil hablar sobre un yo ilusorio que existe inherentemente, ya que podemos referirnos al aferramiento del yo imputado. Podemos comprender los argumentos intelectuales, pero aplicar esto a nuestra psicología personal, es algo más difícil. En este punto, resulta útil recurrir a la psicología occidental. En particular, quiero introducir las ideas de “un yo ideal”, “un yo rechazado” y “un yo válido”. Separando de esta forma nuestra noción del yo, podremos entender con una mayor facilidad algunos de los factores del vacío espiritual.

El yo ideal es esa persona que nos gustaría ser. Creamos una personalidad ideal debido a cosas que nos motivan y cosas que no nos motivan de personas que son significativas en nuestras vidas, y en la forma en la que sobrellevamos esta influencia. Karen Horney, resume las diversas estrategias que adoptamos bajo tres posibles respuestas: moverse hacia los demás, moverse en contra de los demás y apartarse de los demás. Estos movimientos son los responsables de los diferentes tipos de “personalidad ideal”. Tendemos a tomar una de estas estrategias como nuestro principal aleado para sobrellevar la vida. Mientras más adoptemos una de ellas, mayor será nuestro rechazo hacia las otras dos. Entonces, estas estrategias se convierten en las

1 Lama Yeshe Wisdom Archive e-letter, enero de 2005.
2 Horney, Karen, (1991- 1950). Neurosis and Human Growth, New York: WW Norton.

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